¿Cantamos?

Un cuento de Edgardo Kordon

–¡¡Ma!! ¿Qué hay de comer?– Te decía cuando llegaba del colegio –¿Te acordás?

No, ya sé que no. Tu memoria está empantanada en el fango de la vida. Camina lento, como vos. Parece que, invadida por el olvido, quisiera borrar la historia. Apenas recordás algún rostro, alguna sonrisa, algún nombre que resuena. Canciones, como el "Hava Naguila". Esta sí, la sabés bien, como "Manuelita" y "Canción para tomar el té". Cuando te visito y nos ponemos a cantar, te brillan los ojos. Lágrimas de emoción brotan de los míos y afloran tus ganas de vivir.

–¡¡Ma!! ¿Qué hay de comer?– Te digo ahora, cuando voy a visitarte –¿Te acordás?

No, ya sé que no. Tu memoria va perdiendo recuerdos día a día. Y se va llevando también, parte de los míos. Muchos de ellos tienen sentido sólo si encuentran su par entre los tuyos. Sin embargo, las canciones resisten. Son el último bastión en esta pelea desigual. Cuando cantamos las pocas que me acuerdo en idish, la música nos transporta al pasado. Eras maestra jardinera. Siempre te ocupabas de que todo estuviera en orden, preparabas las láminas, planificabas cada semana. Antes de irte a dar clases, decidías qué íbamos a comer a la noche, le pedías a Elba que hiciera las compras, dejabas todo organizado. Y, por cierto, nos decías a mi hermano y a mí, que estudiáramos, que nos portáramos bien y que hiciéramos los deberes.

–¡¡Ma!! ¿Qué hay de comer?– Te repito, cuando no me escuchás –¿Te acordás?

No, ya sé que no. Tu memoria se va internando, poco a poco, en el oscuro territorio del olvido. Las canciones son nuestro medio de comunicación. Cantando, fluyen los recuerdos. Hasta aparece el viejo, que se fue hace unos años. Las vacaciones en Miramar, en Necochea. Los veinte años que vivimos en Ramos. Cuando salías a la puerta y gritabas: ¡¡¡¡A COMER!!!! Nosotros, estábamos jugando a la pelota a varias cuadras de distancia y escuchábamos. Era el momento de suspender el partido y volver a casa.

–¡¡Ma!! ¿Qué hay de comer?– Te preguntaba, cuando volvía de la facultad –¿Te acordás?

No, ya sé que no. Tu memoria cada vez recuerda menos. Por suerte, la mía todavía funciona. No del todo bien, por supuesto, no vayas a creer. Le puse unas botas de campo que llegan hasta las rodillas, para que pueda caminar por el lodo. De todas maneras, últimamente, se anda tropezando con las piedras, mientras busca recuerdos escondidos. Cuando los encuentra, se toma su tiempo, tratando de limpiarlos. A veces, mientras les va quitando el barro, se le va la mano y quita algún pedacito de recuerdo y sólo muestra el lado lindo. No deja que se vean las peleas, las broncas. Seguro que las hubo, pero ¿Para qué recordarlas ahora? ¿No? Mejor, recordemos las canciones del Jardín, las de María Elena Walsh. Las que vos enseñabas. Las mismas que se siguen cantando hoy. Las que nos transmiten la energía necesaria para seguir soñando.

Decidí cambiar la pregunta.

–¡¡Ma!! ¿Cantamos?